Ella lucha con todas sus fuerzas para salvar su relación pero él seguía con sus juegos de niño pequeño, no se daba cuenta de lo que ella era capaz de hacer por él.
Poco a poco se estaba quedando sin fuerzas, sin ganas, pensando que tal vez debía rendirse. Él la decía te quiero pero al siguiente día no se acordaba.
Un día decidió rendirse, acabó ella con todo, estaba débil como para seguir con eso. Necesitaba un nosotros pero sólo consiguió un yo. Preparó las maletas llorando y salió dejándose las llaves dentro. Se alejó llorando , pensando en todo lo que había dejado ella por él. Él se quedó en la puerta viéndola marcharse, quiso salir corriendo detrás de ella pero las piernas no le respondían, ahora era a él a quién le faltaba el aire si ella estaba a más de 20 centímetros de él, las lágrimas se derramaban por sus mejillas. En ese momento se dio cuenta que ya era demasiado tarde, se dio cuenta de todos los errores, de la falta de afecto y atención hacia ella. Sintió como cada vez que ella se alejaba más y más su vida carecía de sentido.
A la mañana siguiente la llamó pero le saltó el contestador. No había nada ya, todo había terminado, no había nada que hacer.
Ella siguió con su vida, encontró ese nosotros, mientras él siguió arrepintiéndose toda su vida por perder a la persona que más había amado en su vida.
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